Cuando alguien habla de los daños del hábito de fumar en la piel, ¿qué es lo primero en que piensa? La mayoría de la gente piensa en las arrugas, y tienen razón. Algunas de las toxinas presentes en el humo del cigarrillo afectan al colágeno y a la elastina, componentes fibrosos de la piel que permiten que esta sea firme y flexible.

Este daño al colágeno y a la elastina provoca el aceleramiento del proceso de envejecimiento de la piel, provocando que los fumadores tengan una mayor tendencia a presentar arrugas en la cara y en el cuerpo. Las toxinas presentes en el humo del cigarrillo también dañan la piel de otras formas afectando su apariencia e inclusive poniendo en riesgo su vida.

Envejecimiento prematuro de la piel de la cara

Las líneas del fumador son las arrugas verticales que se encuentran alrededor de la boca, son producto de los labios fruncidos para succionar un cigarrillo una y otra vez. Un tipo muy común de arrugas que se presenta es la pata de gallo, las cuales se forman en el borde exterior de los ojos.

Este daño se inicia en los fumadores antes de lo normal, pues la pata de gallo aparece durante el transcurso del proceso de envejecimiento. El daño al colágeno y a la elastina es un factor detonante del proceso de envejecimiento prematuro de la piel.

Además la constricción vascular provocada por el hábito de fumar, juega un papel importante en el desencadenamiento del proceso de envejecimiento prematuro de la piel, ya que al estar constreñidos los vasos sanguíneos se produce la reducción del flujo sanguíneo y del oxígeno que llega a las células de la piel lo que desemboca en el envejecimiento prematuro de la piel.

Piel flácida

El daño en la piel asociado al hábito de fumar también puede producir perdida de elasticidad en la piel en otras partes del cuerpo, específicamente en los senos y en la parte superior de los brazos.

Cáncer de piel

El fumador tiene una probabilidad hasta 52% más alta de desarrollar carcinoma de células escamosas, que si no fumara. Es el segundo tipo más común de cáncer de piel, y con frecuencia se desarrolla en los labios del fumador.

Los científicos sospechan que el aumento del riesgo obedece a un sistema inmunológico debilitado por las toxinas presentes en el humo del cigarrillo.

Psoriasis

La psoriasis es una afección de la piel que se caracteriza por producir manchas rojas y picazón. Esta afección puede ser provocada por el estrés, pero también el hábito de fumar puede provocarlo. Los fumadores son más propensos a padecer un tipo de psoriasis denominado pustulosis palmoplantar.

Los médicos consideran que el nexo entre el hábito de fumar y la psoriasis es la nicotina presente en los cigarrillos. La nicotina afecta al sistema inmunológico, a procesos inflamatorios de la piel y al crecimiento de las células de la piel lo que puede desembocar en el desarrollo de la psoriasis.

También se cree que la forma en que el fumador afronta los episodios de estrés a través de los cigarrillos, puede generar un riesgo adicional de padecer psoriasis. El hábito de fumar casi duplica el riesgo de padecer psoriasis, y este riesgo aumenta de acuerdo a la cantidad de cigarrillos que se fume.

Las mujeres fumadoras que consumen 20 o más cigarrillos diarios tienen dos veces y media más probabilidad de padecer psoriasis que las no fumadoras, mientras que los hombres fumadores tienen poco más de una vez y media más probabilidad de padecerla que los no fumadores.

Cicatrización de heridas

La constricción vascular generada por las toxinas presentes en el humo del cigarrillo, tiene un efecto negativo en el proceso de cicatrización de heridas. La deficiencia en el flujo sanguíneo reduce la capacidad del cuerpo para realizar la cicatrización de heridas y reparar tejidos dañados.

La mayoría de los médicos recomiendan a los pacientes que son fumadores que dejen de fumar un tiempo antes de la intervención quirúrgica, por la afectación generada por las toxinas presentes en el humo del cigarrillo sobre el proceso de cicatrización. El hábito de fumar aumenta el riesgo de que la herida se infecte, falla del injerto de piel, muerte del tejido y la formación de coágulos sanguíneos.

Las cicatrices suelen ser más pronunciadas. Además hay evidencias de que el hábito de fumar aumenta el riesgo de aparición de estrías, las cuales son una forma de cicatrización que por lo general es provocada por un súbito aumento de peso.

Acné inverso

El acné inverso, también conocido como hidradenitis supurativa es una enfermedad inflamatoria de la piel más o menos común que afecta a las personas en las zonas de su cuerpo donde se frota piel con piel, por ejemplo las axilas, la ingle y debajo de los senos.

Produce nódulos en ebullición que drenan pus. Es dolorosa, y puede durar meses y hasta a veces años. El hábito de fumar es un factor de riesgo para esta afección.

Vasculitis

Los fumadores tienen un riesgo más alto de padecer una forma de vasculitis conocida como enfermedad de Buerger. La vasculitis involucra vasos sanguíneos inflamados en algún lugar del cuerpo.

La enfermedad de Buerger afecta el flujo sanguíneo hacia las manos y los pies. Los vasos sanguíneos de estas áreas se contraen u obstruyen generando dolor y daños en la piel. En casos más extremos de esta afección pueden producirse úlceras en la piel de los dedos de las manos y de los pies, en última instancia se produce gangrena y la pérdida del dedo.

Telangiectasia

Es una afección donde los vasos sanguíneos más pequeños del cuerpo se dilatan, generando daños en las paredes capilares. Esta afección se puede producir en cualquier parte del cuerpo, pero es más notoria cuando se produce cerca de la superficie de la piel, donde se ven manchas moradas permanentes o rastros de venas (también llamadas arañas vasculares).

Tono de la piel

El tono de la piel de los fumadores puede ser desigual y apagado, su color tiende hacia un tono naranja o gris. Este cambio en el tono de la piel de los fumadores se produce por la falta de oxígeno en las células de la piel, así como las toxinas presentes en el humo del cigarrillo.

Los años de sostener un cigarrillo entre los dedos pueden provocar que la piel de los dedos se torne amarilla gracias a la nicotina y a otras toxinas presentes en el cigarrillo.

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